Érase una vez, en un pueblo, un anciano y sus cuatro hijos que siempre se peleaban. El anciano, preocupado, intentó decirles que pararan, pero no le hicieron caso.

Un día, el anciano reunió a sus hijos y les dio un haz de palos. Les retó a romper el fardo, lo que parecía fácil. El hijo mayor lo intentó primero, pero los palos no se rompían por más que lo intentaba. Los otros hijos también fracasaron.

Con una sonrisa, el anciano les dijo que desataran el fardo y entregó a cada hijo un solo palo. Rompieron fácilmente los palos uno a uno.

El anciano miró a sus hijos y dijo: «Un solo palo puede romperse fácilmente, pero cuando los palos se juntan, se vuelven irrompibles».

Sus palabras calaron hondo y los hijos comprendieron la lección. Dejaron de pelearse y empezaron a trabajar juntos como un equipo, teniendo éxito en todas las tareas que se les encomendaban.

Moraleja: La unión hace la fuerza – ¡Cuando trabajamos juntos, somos más fuertes!

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