En una pequeña ciudad estadounidense vivían un diligente comerciante de sal llamado Joe y su burro, Eddie. Eddie era inusualmente perezoso pero astuto, siempre buscando atajos en su trabajo.

Durante sus viajes a la ciudad, Eddie cayó «accidentalmente» a un río con sacos de sal a la espalda, descubriendo que la sal se disolvía, aligerando su carga. Encantado, planeó repetir este truco.

Sin embargo, Joe, el astuto comerciante, no tardó en darse cuenta. Sustituyó la sal por algodón. Cuando Eddie se sumergió en el río, el algodón absorbió el agua, volviéndose más pesado. Luchando con la pesada carga, Eddie se dio cuenta de su error.

Aprendió que los atajos pueden parecer fáciles, pero no siempre son eficaces. Aceptando sus obligaciones, Eddie se transformó en el burro más diligente y adorado de la ciudad.

Moraleja: Tomar atajos no siempre funciona.

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